Opinión

El presidente Luís Abinader en la disyuntiva electoral

Por: Luís A. Jiménez Burgos

Al asumir su mandato, el presidente Luis Abinader encontró una crisis nacional agravada por la pandemia del Covid -19, que afectaba además el entorno internacional, creando una parálisis económica y social que destrozó a la humanidad, lo que era de conocimiento de todos, por lo que entendíamos que el presidente contaba con los planes esbozados en su campaña para enfrentar la crisis; hoy a dos años de su mandato, es decir, a la mitad de su gobierno, en las ejecutorias observamos la ausencia total de planes del ejecutivo y de los ministros, quienes han convertido gobernar en un acto de incertidumbre. En vez de preveer los problemas, por el contrario, lo que vemos es una actitud reactiva de éstos ante cada petardo económico y social que le explota, dando la impresión, de quién camina a tienta, ignorando el peligro.

Todo lo anterior lo señalamos, porque, si bien es cierto que estamos en medio de una coyuntura mundial difícil, no menos cierto es que, «en el fuego es que se funde el acero» y los lideres se crecen ante las crisis, porque en la abundancia es fácil gobernar.

Para tener indicadores de la actual crisis internacional, solo debemos revisar los informes económicos y observar lo que nos dicen, el repunte de la inflación en la en zona Euro es de 8.1%, según informe de Reutes y en Estados Unidos de Norteamérica, nuestro principal socio económico, la inflación ronda el 8.6% al mes de mayo del 2022, que es la inflación más alta que registran los últimos 40 años en la unión americana y se pronostica que durará todo el año 2022. Los indicadores económicos aceptados preveen que la crisis lejos de disminuir aumentará en el 2023.

Por su lado, los contratos de petróleos facturados para el mes de julio están por encima de 121 dolares el barril, lo que hace el panorama para el país, aún más sombrío, lleno de retos difíciles, propicio para estadistas.

Decía Jesucristo que «Por sus frutos os Conoceréis» ; si analizamos la decisiones del presidente Abinader y su manejo de los problemas nacionales durante estos dos años, nos daremos cuenta que estamos ante un mandatario con un perfil político con un alto grado de incoherencia, en el cuál existen repetitivas contradicciones entre lo que se dice y lo que se hace y cuyas decisiones, al ser hija de respuestas improvisadas, tienden a empeorar los problemas que intentan resolver.

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Abundan los ejemplos y podemos citar algunos:

Dentro de sus promesas de campaña, el hoy presidente y ayer candidato, ofrecía resolver el problema de la delincuencia con un elaborado plan de acción, para el cuál contrató al exgobernador de Nueva York Rudolph Giuliani (famoso por haber reducido en su gestión la delincuencia y la criminalidad en la ciudad que nunca duerme), y hoy ante la espiral de violencia que mantiene secuestrada a la sociedad dominicana, improvisa medidas que les fracasan una tras otras, mostrando el asombro de un mago que saca pañuelos de una chistera.

Otro ejemplo a citar es su decisión de eliminar los aranceles de importación de productos de primera necesidad de la canasta básicas, medida que afecta al productor nacional.

Cuando el lider opositor Leonel Fernández le señaló lo errático de esta medida y le indicó, que si realmente quería enfrentar las alzas de los productos de primera necesidad, lo correcto es reducir los aranceles de los insumos utilizados por el productor nacional, para que el producir baratos se refleje en los precios, el presidente Abinader respondió irritado, invitando al tres veces electo mandatario a buscar en Google sus ejecutorias, cuando éste era presidente.

Me parece, que por curiosidad al igual que yo, la población dominicana googleó hacía tras en los períodos presidenciales de Fernández y reconoció la basta y fecunda obra de gobierno llena de realizaciones en todos los ámbitos de la vida nacional, por lo que intuyo, que el actual mandatario al darse cuenta de la popularidad que el googleo le generó a Leonel Fernández y para contrarrestar entonces estos resultados decidió pedirle a la población, despejadamente, “No mirar pa’tras», confirmando así su naturaleza ambivalente, de perfil incoherente y errático, que se refleja en la toma de decisiones importantes que afectan a la nación.

Debemos dejar sentado que, este análisis, lejos de ser una crítica mordaz sobre la persona del mandatario, es un ejercicio hijo de la preocupación de quién entiende que el presidente está bien intencionado, a sabiendas del proverbio místico que reza «Que de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno»; por ello, la inquietud de este escritor es que, ante las tormentas que se avecinan, el barco esté en manos de un capitan experimentado, con la pericia suficiente para llevar la nave a puerto seguro.

El enfoque de nuestro análisis intenta auscultar, las pifias y las contradicciones de las ejecutorias del mandatario y encontrar algún hilo conductor que nos permita comprender la vocación que tiene esta gestión en agravar las crisis.

Entre la críticas que le hace el lider opositor Leonel Fernández, la principal es que el gobierno no resuelve las crisis, porque el presidente Abinader dice que el país está bien, que estamos creciendo. Añade que si para Abinader no hay crisis entonces no la puede resolver. Porque no puede solucionar lo que no acepta que existe.

Ciertamente el actual mandatario, al asumir el poder abrazó el discurso de que el país está bien, que la economía está alta y creciendo; aumentando así las expectativas de solución de los problemas en una ciudadanía llena de dificultades, que espera en vano, que el gobierno vaya en su auxilio a dar respuesta.

Este discurso de bonanza que mantiene el presidente Abinader está desvinculado de toda realidad. Podría justificarse en los primeros 100 días de su mandato, pero sostenerlo todavía hoy, a mitad de su cuatrenio, puede interpretarse de dos maneras:

1ro. El presidente Abinader desde el inicio de su gobierno, ha estado siempre en campaña para la reelección, en vez de gobernar y 2do., el mandatario, como dice el expresidente Fernández, de tanto repetir que el país está bien, se convenció a si mismo y se lo cree.

Finalmente, en las elecciones del 2024 se nos presentará un símil antinómico respecto a lo ocurrido en el proceso electoral del año 2000 y de los perfiles de los respectivos jefes de gobiernos en los mismos.

El periodo del 1996-2000 que gobernó el presidente Fernández, a pesar de que gozaba en ese momento de amplias simpatías, no ambicionó buscar la reelección a la presidencia, porque entendió que lo conveniente para el país y para la democracia, era que él no optara por la repostulación. Esta decisión convirtió al entonces presidente en un estadista, que sabiendo que su ascenso al poder no era el resultado de fuerzas propias, sino de un conjunto de sectores que aunaron propósitos coyunturales a su favor. Por ello se fue a la oposición con un clara reflexión que resumió a sus deprimidos compañeros en la frase «No supimos porque perdimos porque no supimos porque ganamos».

Al igual que Fernández en el 1996 al hoy presidente Luis Abinader, los llevaron al poder fuerzas coyunturas ajenas a su partido, pero a diferencia de Fernández en el 2000, todo el mundo sabe que el actual mandatario debe optar por la repostulación, por varias razones, entre ellas, primero porque es la mejor carta que tiene su partido en la actual coyuntura electoral y segundo porque es la única manera de el encabezar la oposición. Claro está, que a diferencia de Leonel Fernández en el 2000, el actual mandatario lo hará con todos los pronósticos en contra, por lo que deberá decidir bajo que premisa va al proceso electoral, si lo hace con el criterio de que al torneo se va a ganar o a perder, o si por el contrario asume la creencia del lema (“The Winer Takes it All» el ganador se lo lleva todo); si actúa así, corre el riesgo de quemar los puentes y no poder regresar, mientras que si compite sin usar los recursos del estado, del presidente nacerá si no el estadista, el demócrata que encabezará la oposición y podrá explicarle a sus compañeros, aunque con otras palabras, la reflexión asumida por Leonel Fernández en el año 2000 y decirse para si «No supimos porque perdimos, porque no supimos porque ganamos».

 

Lic.Luis Alberto Jiménez Burgos
 
El autor es abogado, experto en Derechos Internacionales y dirigente de la Fuerza del Pueblo.

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